8 Razones por los que deberías cambiar de empleo

Generalmente cuando el tiempo empieza a pasar y tú no sales de esa fría y obscura oficina, la rutina comienza a hacerse tu peor enemiga, pues se convierte en nada más y nada menos que una actividad para obtener un ingreso, dejando de lado la pasión por hacer lo que te gusta.

Los pequeños dramas cotidianos, ya no te parecen tan pequeños. Ya sea que la impresora se atasque, tu computadora tarde siglos en prender o simplemente no encuentres un archivo, puede ser peor que cuatro horas atorado en el tránsito.

De un momento a otro, casi sin notarlo, pasaste de ser quien resolvía problemas, aportaba ideas y amaba las planificaciones, al quien hace únicamente lo que dice en el contrato y si es posible, menos.

Te has vuelto el “amargado” de la oficina. De ser el que organizaba las salidas a con-beber y las comidas de cumpleaños, ahora has terminado por apenas saludar a tus compañeros y sólo si los topas de frente.

Sales a fumar cada media hora… y tú no fumas.

Has llegado al punto en el que nada representa un reto para tu vida o profesión… y si algo llega a hacerlo, prefieres evitarlo a toda costa, por lo que ya olvidaste lo que se siente el emocionarse con el trabajo y la rutina se ha vuelto tu mejor amiga con tal de no hacer ningún esfuerzo.

Entre tus torturas se encuentra cualquier forma de convivencia obligada, ya sea un cumpleaños o simplemente alguna comida o junta con el jefe.

Sueñas con tu trabajo. Literalmente y no por el hecho de hacer cosas positivas, sino todo lo contrario.

¿Recuerdas esa sensación de los domingos cuando no querías ir a la escuela? Pues resulta que ha regresado a tu vida, convirtiendo a los domingos en los días más oscuros de la semana.
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