El tren bala japonés cumple 50 años

Era "como volar en el cielo", recordó el ingeniero japonés de ferrocarriles Fumihiro Araki, ya retirado.

Recorrer el país en un tren de súper velocidad se ha convertido en algo habitual en muchos países, pero era inaudito cuando Japón lanzó su tren bala entre Tokio y Osaka, hace 50 años.

El Shinkansen, como lo llaman en Japón, dio un impulso a los viajes por tren en Europa y Asia en un momento en el que el auge de los automóviles y los aviones amenazaba con eclipsarlo. También fue un símbolo de orgullo para Japón, menos de dos décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial, y un precursor del "milagro" económico que estaba por llegar.

La inauguración del 1 de octubre de 1964 fue recreada el miércoles en la estación de Tokio a las seis de la mañana, incluyendo la cinta para cortar. El primer tren bala, con su casi adorable morro redondeado, viajaba de Tokio a Osaka en cuatro horas, reduciendo en dos horas y media el trayecto de 513 kilómetros (319 millas). El último modelo, con un aspecto que recuerda a una nave espacial, sólo tarda dos horas y 25 minutos.

Araki, que ahora tiene 73 años, condujo brevemente el Shinkansen en el verano de 1967 dentro de su formación como ingeniero ferroviario. La semana pasada, volvió atrás en el tiempo sentándose en el puesto del conductor de uno de los modelos antiguos, en un museo del ferrocarril a las afueras de Tokio.

"Era como volar en el cielo, era esa clase de sensación", dijo Araki, director en funciones del museo. "En un día claro, podías ver el monte Fuji, y pasar sobre el puente en el lago Hamanako era muy agradable. Te sentías como si navegaras sobre el mar".

Japón empezó a trabajar en una línea de alta velocidad durante la Segunda Guerra Mundial, pero la construcción se detuvo en 1943 cuando se acabaron los fondos. La idea se retomó en la década de 1950, pero muchos cuestionaron un proyecto tan costoso, sobre todo con la expansión del viaje por aire y las autopistas. Las críticas se tornaron en orgullo cuando la construcción, financiada en parte con un préstamo de 80 millones de dólares del Banco Mundial, concluyó a tiempo para las Olimpiadas de Tokio en octubre de 1964.
El Shinkansen reavivó el interés en los ferrocarriles de alta velocidad en otros lugares, especialmente en Europa. Francia y España están entre los líderes de alta velocidad europeos, y Turquía se convirtió el año pasado en el noveno país que opera un tren con velocidad media de 200 kilómetros por hora, según Railway Gazette. También Corea del Sur y Taiwán tienen trenes de alta velocidad. La excepción es Estados Unidos, aunque hay propuestas de construir líneas en California y Texas.
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