Brazos biónicos permiten recuperar las funciones y el tacto

Dos equipos de investigadores de Universidades de Suecia y EU han realizado avances en el desarrollo de prótesis biónicas para personas amputadas.

El objetivo de ambos grupos es dotar a estas prótesis de un control intuitivo, libertad de movimientos y sentido del tacto similares a los de las extremidades naturales. Los resultados de ambas investigaciones se publican en el último número de la revista Science Translational Medicine.

Uno de estos desarrollos ha sido un prototipo de mano biónica que logra recuperar la sensación del tacto. La investigación ha estado liderada por Max Ortiz Catalan, un investigador mexicano que trabaja en el grupo de Señales y Sistemas Biomédicas de la Universidad de Tecnología Chalmers, en Gotemburgo (Suecia).

Ortiz y su equipo han logrado que Magnus, un paciente con el brazo amputado por encima del codo, pueda volver a realizar su trabajo como camionero y sus demás actividades cotidianas con esta prótesis de integración ósea, creada por Rickard Brånemark, del Hospital Universitario Sahlgrenska, y uno de los autores del estudio.

Según explica a Sinc Max Ortiz Catalan, “el paciente ahora tiene rango completo de movimiento, la prótesis funciona en cualquier tipo de clima, puede hacer maniobras violentas sin que el brazo artificial se active involuntariamente y no hay ningún componente que haga presión sobre la piel. Algo que no era posible con la tecnología de prótesis convencional”.

El científico señala también que “tras la cirugía, el paciente ha sido capaz de realizar todo tipo de tareas, desde conducir su camión a coger huevos o atar los patines de sus hijos. Ir más allá del laboratorio para permitir al paciente afrontar los retos del mundo real es la mayor contribución de este trabajo”, destaca.

El brazo artificial está conectado directamente con el esqueleto para conseguir más estabilidad. El sistema de control biológico del ser humano, compuesto por músculos y nervios, interactúa con la máquina mediante electrodos neuromusculares. “Esto crea una íntima unión entre el cuerpo y la máquina”, añade el experto.

Para Ortiz Catalan, la probabilidad de que la integración ósea produzca rechazo es muy baja. “La biocompatibilidad de los materiales que hemos usado es alta y han sido utilizados durante años en diferente aplicaciones en humanos, por lo que la posibilidad de rechazo es la misma que la de los implantes dentales”.
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