¿El dinero puede comprar la felicidad?

Sumas adicionales de dinero traen cambios: a veces para bien, o para mal.

Carol Philo vio a sus padres salir de la pobreza y convertirse en millonarios cuando su empresa de imprenta que manejaban desde una habitación de la casa despegó. Con los ingresos les llegó una obsesión por tener más y más.

“Mi mamá se volvió adicta al dinero… Nunca estaba satisfecha”, dice Philo, quien añade que con el paso de los años, las relaciones con la familia fueron desapareciendo. “Habiendo visto todo el panorama, diría que estar acomodado vale la pena. Volverte rico, no”.

Murat Morrison no puede estar más de acuerdo. Se forró en dinero cuando vendió su empresa camionera a finales de los 90. Dice que una cosa que aprendió le acompañará siempre. “El dinero compra comodidad”, dice Morrison. “Comodidad no es felicidad o satisfacción. En pocos años me sentí tan vacío como un tambor. Está bien vivir cómodo, pero es más satisfactorio ser feliz”.

La riqueza suele revelar la verdad de las personas, añade Paul Buchheit. “En general, agudiza las características que ya existen”, dice. “Si tú eres un patán, tener más dinero te hará probablemente aún más patán. Sin embargo, si tienes un propósito y un significado en tu vida que va más allá de perseguir la zanahoria dorada, el dinero te puede dar la libertad de dedicarte a las cosas que más te importan”.

Los inconvenientes de ser rico pueden sobrepasar los beneficios. “La primera cosa que se te viene a la cabeza al leer esto es ‘qué mar de lágrimas’. No tienes derecho a quejarte de nada, nunca” cuando eres rico, escribe un comentarista anónimo. “Dado que la mayoría se imagina que ser rico es alcanzar nirvana, no tienes derecho a tener necesidades humanas ni mostrar tus frustraciones. Pero sigues siendo un ser humano, aunque la mayoría no te trata como uno”.

Otros inconvenientes surgen en otros ámbitos como con los amigos y la familia. “La mayoría ahora quiere algo de ti, y puede ser más difícil saber si alguien es amable contigo porque te quiere a ti o a tu cuenta corriente”, continúa el anónimo. “Si aún no estás casado, buena suerte intentando averiguar (y/o siempre dudar) si tu pareja está atraída por ti o por tu dinero”.
La riqueza adicional conlleva otras expectativas. “Todo es relativo… El primer mes conduces un Audi o comes en un restaurante de lujo; y lo disfrutas de veras”, añade el comentarista anónimo. “Pero luego te acostumbras. Y llega el momento que esperas algo más, un nivel más alto. El problema es que reajustas tus expectativas, y todo lo inferior a ese nivel no te agrada tanto como antes”.

Fuente: BBC Mundo
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