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Las 10 faltas de modales más comunes

Las reglas de etiqueta no solo implican modales en cenas, son el reflejo de cómo te ves en todo lo relacionado a interacción social y vida pública. No abrirle la puerta a una viejita dice algo de vos a todo aquel que te mira, como que no podés gastar cinco segundos en ser decente.

En la mayoría de las situaciones, tu imagen y apariencia no es solo una parte de lo que te define, es lo único que te define. La gente que no sabe nada de vos, llenará los vacíos con la única información que tiene a su alcance, que es tu comportamiento.
Más allá de cómo creas que sos, un mal hábito social puede fácilmente volverse en eso que te identificará: cualquiera que te vea masticando comida como una vaca y actuando belicosamente con un mozo se va a acordar de esto mucho más que de tu título o de tu gran ingenio.

10 – No presentar 
Ya sea en un ambiente social o profesional, siempre es incómodo si no presentás a dos personas que sólo te conocen a vos. Esto es nada más que cortesía, pero si te vas de la conversación, también dejás a estos dos parroquianos en una charla forzada mientras que no se saben sus nombres. Técnicamente hay ciertas reglas aceptadas para hacer presentaciones profesionales (como decir el nombre de quien tiene un título superior en primer lugar) pero nada de esto es tan importante como hacer la presentación antes que nada.

9 – No levantarse para recibir una llamada 
En casi todas las situaciones sociales, las personas que físicamente comparten la misma habitación con vos necesitan de tu atención más que cualquiera que te llame o te mande un mensaje de texto. Esto es especialmente notable y agraviante cuando se está a la mesa o en escenarios personales similares, pero se aplica a todas las situaciones en las que no estás solo. Incluso si estás haciendo una cola con extraños, tratá de mantener tu conversación en el celular para vos solo lo máximo posible.

8 – Discutir sobre una cuenta 
Esta es una regla simple para cenas de grupo: preparate para pagar una parte justa, pero no tomes ventaja. Andá esperando que algún tipo que realmente no te cae bien se pida tres martinis después de su bife y espere dividirlo con vos y tu sándwich. Si este comportamiento es reiterativo y te pone furioso, manejalo en otro momento en vez de caer en una discusión acusatoria sobre la cuenta ahí mismo en el restaurante. Además, estarás pagando un precio bajo para demostrar que sos cortés y magnánimo.

7 – Llegar tarde
La gente quiere sentirse valiosa, y si buscás dar una señal segura de que no te importa, no llegues. Podés  aparecer 20 minutos más tarde con una buena explicación, pero cuando se reduce a eso, la otra persona se queda preguntándose por qué evidentemente le importa más esta relación que a vos.
Especialmente en un ámbito profesional tratando con clientes y jefes, llegar tarde es una manera crudamente notable de dividir la habitación entre las personas capaces y consideradas, y esas con largas excusas sobre el auto que no arrancó.

6 – No ceder el asiento 
De la misma manera en que muchas reglas de etiqueta han sido diseñadas para que no te centres en vos mismo, la regla “cedé tu asiento a alguien que lo necesita más” es básica decencia humana y no una discusión acerca de género. Tal vez la embarazada o la frágil viejita técnicamente no necesitan tu bien ganado asiento en el transporte público, y capaz que vos tuviste un día terrible, te duelen los pies y el ómnibus está lleno de gente triste, pero debés tragarte todo esto y ceder el asiento de una vez.

5 – Tratar mal al personal de servicio 
El personal de servicio muchas veces gana menos que el mínimo establecido por ley porque se asume que vos vas a ser un ser humano razonable que le vas a dejar una propina del 15 o 20 por ciento. Está bien si dejás menos para indicar que estuviste descontento con el servicio, siempre que esté genuinamente justificado.
En este sentido, no devuelvas la comida a la cocina por errores ínfimos o seas abusivo con el personal, tratándolo como si fueran tus sirvientes. Sí, se le pide que sea servicial, pero eso no se relaciona con el hecho de que parezcas un estúpido intolerante.

4 – Hablar solo de vos 
El narcisismo no es una cualidad atractiva. Sí, hay algunas personas que pueden sacar ventaja de ser arrogantes y estar absortos en sí mismos, pero esto no te da licencia para imitarlos. Dominar accidentalmente las conversaciones  sin tratar de mostrarte ensimismado en vos mismo tampoco es una buena excusa y el resultado es el mismo.
Resistí la urgencia de responder a cada frase con alguna versión de “Sí, y así lo hago yo”. Solo callate por 60 segundos y escuchá lo que dice la gente. Entonces, para rematar, hacé una pregunta perceptiva. Esto hará que los otros sientan que te puede importar alguien más que vos mismo.

3 – Ser un desconsiderado en el gimnasio 
La etiqueta de gimnasio es bastante simple, pero esto no previene a todos los gimnasios de sufrir su cuota de desconsiderados. Estos son tipos que monopolizan los aparatos incluso cuando no parecen estar haciendo mucho con ellos, son los que dejan tiradas las pesas o bolsas en lugares por donde se transita, son los que no pueden entender (o no les importa) que dejar transpiración en un banco o máquina es grosero e inexcusable.
Una regla general prevendrá la mayoría de la despreocupación en un gimnasio: no actúes como si fueras la persona más importante del mundo. Actuá como si compartieses este lugar con un grupo de gente que está pagando para usarlo, igual que vos.

2 – Acicalarse en público 
El acicalamiento en público infringe nuestro contacto social compartido; ya sea que creas que nadie te está mirando o no, simplemente no está bien. Virtualmente todo para lo que normalmente irías al baño para hacer, debería estar confinado a uno mismo. Esto incluye limpiarte las orejas, cortarte las uñas y cualquier otra cosa relacionada a la higiene personal.
La vieja escuela dice sobre esto que mantengas tus manos alejadas de tu cara cuando estés en público. Aunque también se podría ver así: no hagas nada que no harías orgullosamente frente a una mujer atractiva.

1 – Comer con la boca abierta 
Comer como una animal es uno de los peores errores que podés cometer socialmente. La graduación va de un mero mal hábito que da un pobre reflejo de tu persona, hasta algo desagradable para la gente cercana que está tratando de disfrutar su comida. Las mujeres en particular encuentran esto horrible, y es uno de los más comunes estereotipos de un tipo sin clase. Además, el “respiro por la boca” no es exactamente sinónimo de refinamiento y gracias sociales, así que abandoná ese habito tan pronto como humanamente sea posible.

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