Alemania le da una humillante paliza a Brasil 1-7 y lo saca del mundial

En un día como hoy, el pragmatismo alemán desnudó las ilusiones de millones de brasileños, quienes, impávidos, observaron como la canarinha perdía 1-7 en el estadio Mineirao, en la goleada más humillante de la historia de las Copas Mundiales.

Para colmo del bochorno, los presentes en el recinto de Belo Horizonte sufrieron en primer plano como el delantero alemán Miroslav Klose marcó un gol en la fatídica velada, y se convirtió en el máximo artillero en citas del orbe, con 16 dianas, una más que el ídolo local Ronaldo.

Los brasileños salieron a comerse a los alemanes en los primeros compases y todo hacía indicar que dominarían el partido, pero el ímpetu les duró apenas cinco minutos antes de ser desbordados por la Mannschaft, un equipo poderoso, ordenado en demasía, de endemoniada circulación del balón, casi robótica, y con más sangre fría que un asesino en serie.

Thomas Müller abrió el marcador en el minuto 11, un golpe seco al mentón del Scratch, aunque a priori reversible, bueno, al menos eso pensaron los brasileños, porque la escuadra alemana tenía preparado un ataque a fondo para fulminar las aspiraciones de los Penta.

En medio del desorden de los brasileños, sobre todo en el centro del campo, Alemania articuló la toma de Belo Horizonte y entre el minuto 23 y el 29 marcó otros cuatros goles, que sepultaron a Brasil y plantaron bandera.

Klose (23), Toni Kroos (24, 26) y Sami Khedira (29) perforaron las redes del pórtico defendido por Julio César, y colocaron a la selección teutona como la principal favorita al título mundial.

Fue uno atrás de otro, no dio tiempo a pensar, fue imposible pensar en cambios o modificaciones, no se que pasó, es imposible descifrar que pasó, declaró Luiz Felipe Scolari, entrenador de Brasil.

Andre Schürrle marcó dos tantos más para sellar la espeluznante goleada, maquillada en las postrimerías por Oscar, con el gol de la misericordia, como diría un torcedor brasileño que observaba incrédulo el partido.

Sin Thiago Silva (sancionado) en la zaga ni Neymar (lesionado) en el frente de ataque, Brasil dejó bien claro que es un equipo vulgar, sin ideas, sin modales, simplón, sin Jogo Bonito, con un técnico mediocre que todavía vive de la historia, gracias al título mundial conquistado en 2002 con los Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo.

Olé, olé y otra vez olé se escuchó en las tribunas del Mineirao, cuando los torcedores brasileños, impotentes, comenzaron a apoyar a los alemanes, un acto de repudio para con la selección brasileña, posiblemente la peor escuadra de ese país en copas mundiales, por su escaso talento y las limitadas estrategias.

Alemania, además, vistió con camiseta de rayas horizontales rojas y negras, un uniforme similar al del club carioca Flamengo, uno de los más simbólicos de la nación brasileña.

Ahora todos hablan del tetracampeonato germano e incluso algunas cuentas sugieren que será inevitable, porque el destino así lo tiene planificado.

Por ejemplo, Brasil se convirtió en cuatro veces titular mundial en 1994, tras 24 años de espera (había ganado antes en 1970), mientras Italia, el otro Tetra, conquistó su cuarto entorchado en 2006, curiosamente, luego de aguardar 24 años (el anterior lo consiguió en 1982).
Pues bien, Alemania obtuvo su última corona en 1990. Si recordamos que por estos días corre el año 2014, entoncesâ.

El rodillo alemán pasó hoy por Belo Horizonte y cubrió de luto a todo el firmamento brasileño.

Alemania espera rival en la final del Maracaná, el próximo domingo 13. La Argentina de Lionel Messi y la Holanda de Arjen Robben se disputarán le honor.
Comparte en Google Plus
    Comenta con Blogger
    Comenta con Facebook