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Mirar a los ojos directamente implica más hostilidad que buena fe: Según estudio

El contacto visual suele ponderarse como una importante arma de persuasión en la retórica y la charla cotidiana: las “ventanas del alma”, los ojos, son asociados con la buena fe de los interlocutores y con la idea de que lo que dicen es verdad. Pero esta idea no parece tener bases científicas: en una investigación realizada por la University of British Columbia (y publicados en la revista Psychological Science), la psicóloga Frances Chen estudió a un grupo de sujetos con tecnología que permite seguir la mirada de los escuchas, no sólo de quien habla.

Luego de varios experimentos, Chen encontró que el contacto visual sólo es efectivo cuando el receptor ya se encuentra convencida de antemano del punto de vista del hablante o emisor. Un experimento más demostró que quienes escuchan pueden sentirse más cercanos al punto de vista del hablante al observar su boca, no sus ojos.
Para Chen, “existe mucho de sabiduría cultural acerca del poder del contacto visual como herramienta de influencia, pero nuestros hallazgos muestran que el contacto visual directo vuelve a los escuchas escépticos menos proclives a cambiar su punto de vista, en vez de más, contrario a lo que se creía.”

Para los autores del estudio, el contacto visual puede tener muy distintas connotaciones según el contexto: frente a un amigo o alguien de confianza, la mirada efectivamente puede ser un signo de confianza; pero como se muestra en primates y otros mamíferos, la mirada directa puede ser un rasgo de hostilidad (y aquí podemos pensar en el juego de “sostener la mirada”). En muchos países, como México y Francia, el contacto visual directo con desconocidos incluso es un rasgo de mala educación u hostigamiento.